La burguesía vascoespañolista,
bajo la guía de su oligarquía industrial y financiera,
se convierte así en la punta de lanza del nacionalismo
español que tiene como líneas de actuación
en el País Vasco las siguientes: una feroz explotación
de la clase obrera y un intento de liquidar la personalidad étnica
vasca. De forma inevitable y dialéctica esa doble actuación
provoca una doble respuesta: una feroz resistencia obrera que
se nuclea alrededor del socialismo y la aparición del nacionalismo
vasco como fuerza y proyecto político. PSOE y PNV van a
ser las expresiones orgánicas de ambos, surgidas en la
misma época, en los tres últimos lustros del siglo
XIX.
Las circunstancias históricas de su nacimiento van a explicar que ambas fuerzas (socialismo y nacionalismo vasco) crezcan enfrentadas a la vez entre sí y contra la burguesía vascoespañolista a la que responden dialécticamente. De forma que esa misma burguesía podrá incluso apoyarse alternativamente en
una de las dos, realizando hasta
pactos electorales públicos o bajo cuerda, cuando tema
que su fuerza sea insuficiente para vencer a las dos a la vez.
Porque lo cierto es que ambas
fuerzas representan una negación radical de lo que hace
posible la existencia de la burguesía vascoespañolista.
El socialismo es la negación de la legitimidad del sistema
capitalista. El nacionalismo vasco es la negación de la
legitimidad del Estado español en Euskadi Sur. La suerte
de la burguesía vascoespañolista es que, durante
mucho tiempo, esa doble negación se formula por separado.
La misma evidencia de su explotación
(que está en la raíz del agrupamiento en la lucha
del proletariado vizcaíno alrededor del socialismo) facilita
la inicial reacción españolista del mismo. Porque
el proletariado más combativo, el de las grandes huelgas
generales de 18901911, es el minero. Es un proletariado
inmigrante, ."fabricado" por la burguesía vasca,
y se enfrenta a una patronal vasca, mechada con representantes
de sus socios ingleses, franceses, belgas o alemanes. Añádase
a eso la crónica indigencia teórica del PSOE. Nadie
del PSOE leyó La cuestión de las nacionalidades y la
socialdemocracia de Otto Bauer publicada en 1907. Nadie del
PSOE pudo hacerse eco de la formulación austromarxista
que afirmaba:
"La autonomía
nacional es una meta necesaria en la lucha proletaria de clases
porque es un medio necesario de su política clasista, la
cual es, a su vez, su política nacional específica,
aquella política evolucionistanacional cuya meta
final es la de hacer del conjunto del pueblo una naci6n".
(42)
Aunque haya sido históricamente
lamentable, es inteligible el hecho de que el PSOE en Euskadi
actuara crónicamente aquejado de cosmopolitismo ingenuo,
por emplear una expresi6n de Bauer.
La chispa del nacionalismo
vasco como fuerza y proyecto político la enciende Sabino
Arana en la pequeña burguesía urbana vasca. No me
extenderé ahora aquí en como confluye con ella,
en el seno del PNV, una fracción de la burguesía
vasca porque -siendo el tema muy importante- a ello dedico especial
atención en el capitulo 7º, transcribiendo las esclarecedoras
aportaciones de los catedráticos Corcuera y Elorza. Lo
que me importa ahora subrayar es un hecho cuya ignorancia, en
la que caen demasiados, incapacita para entender el "problema
vasco" : el de que, desde los primeros ahos del siglo
XX y luego crecientemente y de forma notable en el decenio de
los años treinta y también después de 1975,
el PNV ha tenido militantes y votantes obreros. El PNV ha sido
siempre explícitamente un partido con vocación interclasista,
catch-all-party diríamos con la terminología
contemporánea.
Ha sido Beltza quien, trasladando
su luminoso analisis de la mediación y la alienación
ejercida por los "jauntxos" respecto de los campesinos
que hemos transcrito páginas atrás, ha formulado
la más penetrante explicación de esa captación
de proletariado por el PNV. Dice Beltza refiriéndose
al nacionalismo vasco anterior a 1936 :
"La clase obrera nacionalista
adopta una posición interclasista, que presupone una armonía
y una colaboración fundamentales entre las clases vascas
y que, sobre todo, acepa la primacía de la burguesía
nacional a la hora de hacer política. Habría que
hablar aquí de "alienación", de "reificación";
habría que, con Lukacs, que el proletariado es un producto
del capitalismo, que por ello mismo se encuentra sometido a unas
formas de existencia creadas por su productor, y que el desarrollo
de una auténtica conciencia de clase, es decir, de la comprensión
de su ser colectivo y de su papel histórico, só1o
se hace a través de las luchas anticapitalistas y de la
autoorganización como clase. El proletariado nacionalista
va a ser una clase joven, dispersa; pero la supervivencia de las
formas de vida tradicionales y la situación colectiva de
opresión nacional, van a facilitar el que, en una primera
época, los burgueses locales aparezcan como una parte de
la propia sociedad vasca, como unos creadores de riqueza y de
empleo y, por tanto, como salvadores tras la dura época
de crisis agraria previa. Es 1ógico que al seguir siendo
parte de la sociedad local negada por la sociedad englobante,
y al reproducir la situación de doble dependencia -en explotación
y en protección- los campesinos recién proletarizados
transfieran la condición de mediadores desde los "jauntxos"
decimonónicos a los primeros burgueses". (43)
La acción ideológica
de los sacerdotes cató1icos vascos, de influencia decisiva
en el gran desarrollo de la SOLlDARlDAD DE OBREROS VASCOS (SOV,
luego Solidaridad de Trabajadores Vascos, el sindicato ELASTV),
reforzara ese planteamieto. (Véase al respecto Contribución
a la historia obrera de Euskalerria, de Policarpo de Larrañaga,
el sacerdote que fuera auténtico lider promotor de Euzko
Langillien Alkartasuna, Editorial Auñamendi, San Sebastián,
1977). (44)
Al proletariado "fabricado" por la burguesía vascoespañolista, en su inmensa mayoría inmigrante de fuera de Euskadi, y alrededor del socialismo le hemos definido antes como aquejado de cosmopolitismo ingenuo, empleando la expresi6n de Otto Bauer. Al proletariado ."fabricado" por la burguesía nacionalista vasca, en su inmensa mayoría nativo de Euskadi, habría que aplicarle la otra expresión de Bauer y definirle como aquejado de nacionalismo ingenuo. (45)